Queremos vivir tranquilos

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Por Maru Lozano Carbonell

No es novedad encontrar en redes sociales fotos de adolescentes, en su mayoría mujeres, que te piden compartir porque no han llegado a sus casas.

Me sucedió algo parecido, preguntar por esos medios si alguien sabía dónde estaba mi hija. Ella me dijo que iría a una plaza con amigas y su novio. Yo estaba tranquila hasta que en Facebook sale la noticia de una balacera a las puertas del lugar donde estarían ellos. Le marco a su celular y nada, al del novio y nada…  Entré en pánico hasta que mi hija me elimina de Facebook, me marca y me dice que ya se fue de la casa y que no la moleste más.

El dolor que sentí en ese momento no lo puedo describir, el coraje y la vergüenza menos. En la casa no hubo motivos que hicieran pensar que mi hija desearía salir corriendo, tampoco hubo una discusión previa, simplemente ella se fue con el novio porque se quiso independizar y no supo cómo decirlo o enfrentarlo. Ella tenía 23 años. Finalmente, un año estuvo fuera de casa viviendo con él y regresó al terminar su relación.

Te comparto esto porque no siempre hay problemas en casa, simplemente un joven piensa de acuerdo a sus caprichos y miedos y se va metiendo en problemas que se convierten en bolas de nieve gigantes imposibles de controlar a la par que otros adultos poco empáticos los solapan.

Por supuesto que existen otras situaciones como la inseguridad que ya rebasó a la ciudad, la incompetencia de las autoridades y tener que enfrentar en las calles a gente sin escrúpulos.

No puedo imaginar el dolor de las familias de todos los desaparecidos actualmente.

Imposible no tocar el tema del monitoreo desde casa cuando así lo amerite y no porque la culpa la tenga alguien en específico, es que simplemente tenemos que ganarle a los jóvenes y a los adultos malditos que les asechan.

En la Lázaro, por ejemplo, los grupos ya bajaron la aplicación “life360” un geo-localizador para hacer un círculo de seguridad entre ellos y sus familias.

Sé que todos se me echarán encima pero, si un dispositivo lo compras tú como adulto, antes de dárselo a tu hijo o hija, instala un programa espía para que tengas conocimiento de lo que hace y dice. Esto te puede ayudar a prevenir. Los papás de hoy tenemos que ser asertivos y maduros al acompañar a nuestro adolescente porque ellos, la calle y el mundo -literal- nos ganan y ¡por mucho!

Pienso que no es posible ponerle “el mundo entero” en sus manos sin candados para poder cuidarlos como se debe. Igual y no decirle al chico que lo hemos puesto para que no modifique cuentas o cambie de dispositivo para hacer de las suyas y, en caso de enterarnos que está platicando de manera inapropiada con amigos o planea cosas, simplemente informarnos y recurrir a gente que pueda influir positivamente para encauzarle. No entrar en pánico ni amenazarlo, ni tampoco demostrarle que uno como padre de familia “tiene el poder”, sobre todo el poder de castigar, eso simplemente haría que el hijo o hija genere nuevos atajos, mejore estrategias y se comunique con gente que le haga sentir comprendido.

Imprescindible: Comunicación y hacer sentir el amor incondicional ¡siempre!