Por dentro y por fuera: El horno caliente

Es un hecho científicamente comprobado y una verdad ampliamente aceptada que la actividad humana sobre este planeta es el principal causante del Calentamiento Global. Pero cómo explicarle a las próximas generaciones que a pesar del efecto ecológico destructivo que nuestra presencia en esta tierra ha ocasionado, ahora le toca a ellos emprender acciones permanentes y decididas para devolverle la salud y restaurar los daños que el desmesurado desarrollo y la ambición progresista de estos tiempos ha ocasionado.

Cómo es posible que podamos equiparar nuestro actual crecimiento urbano con desarrollo, cuando en realidad vamos en contrasentido de urbes con una verdadera visión sustentable.

Las Californias ya eran consideradas hace casi 500 años por viajeros como un verdadero horno caliente, y es que las temperaturas de veranos atípicos como este parecieran no tener misericordia de nosotros. Los misioneros y conquistadores españoles que habitaron por primera vez estas tierras creyeron haber llegado a la “isla de California” cuyo origen etimológico deriva del latín “calida fornax” y significa “tierra caliente como un horno”.

Pero volviendo a nuestros tiempos, debemos reflexionar en torno a las temperaturas y nuestra respuesta, diría yo, un tanto materialista inconsciente, pues si tomamos en cuenta en primera instancia que el calorón de estos días nos obliga a colocar nuestros aires acondicionados y abanicos a la máxima potencia, se genera un mayor consumo de electricidad y una mayor dependencia de hidrocarburos para generar esa electricidad.

Construimos una Tijuana encima de sus ecosistemas y la tapamos con edificios y cemento, lo que hace que la sensación térmica sea aún mayor, poco hemos hecho por preservar grandes espacios de parques públicos que mitiguen las altas temperaturas y también poco hemos hecho por reproducir modelos como Ecoparque con sus propias plantas de tratamiento, sistemas probados por el Colef que hoy se encuentran en el olvido de todas las administraciones.

Imaginen que las próximas viviendas que construyamos las hiciéramos de materiales como el hormigón y las orientaciones de las casas estuviesen diseñadas para aprovechar dichos materiales térmicos para obtener una ventilación natural, en lugar de seguir alimentando los bolsillos de ‘bloqueras’, que desgraciadamente hemos utilizado como el gran elemento constructivo de nuestro país, sin duda otra de las catástrofes ecológicas de nuestros tiempos.

Si juntas esos dos elementos, malos materiales de construcción con el hecho de que no preservamos espacios abiertos de naturaleza endémica, tienes como consecuencia una ciudad destinada a padecer los estragos de las altas temperaturas en un grado superlativo.

Tal vez nos falta en esta zona, otro árbol milagroso como el de Ohio, que hace 10 años ocasionó el mayor apagón de la historia afectando a 50 millones de personas en pleno verano que por más de 48 horas tuvieron que vivir sin luz, sin servicio telefónico y sin aire acondicionado, para que eso nos haga valorar lo que hoy tenemos y nos obligue a cambiar de rumbo hacia fuentes alternativas de energía que ayuden a preservar el planeta.