Placebo, su hermano y yo de invitado

Por Maru Lozano Carbonell

Época de frío, época de dolores… Enfermarse es muy común porque ¡interviene la nostalgia!

Pareciera que al hablar de “la enfermedad” es como si se hablara de un alguien o un algo distinto; pocas veces nos responsabilizamos en integrar mente, cuerpo y espíritu. Usualmente le echamos potencia al decir: “Ahí va esta pastilla para la gripa”. Como si la gripa fuera intruso con sensores meramente receptivos.

Tenemos -sí o sí- que ver nuestra vida con aceptación a los cambios y con la flexibilidad de ajustar nuestra visión del mundo.

Ya sabemos que el efecto placebo es ese curioso caminito que recorre el enfermo para sentirse mejor. A veces no sabe que está tomando algo “equis”, quizá chochos de azúcar, pero que la manera de prescribírselo, incluso diciendo que es costoso, hace que la mente poderosa del paciente sienta franca mejoría. Bueno, es que ¡estamos diseñados para sanar! ¿Has visto al cortarte cómo la piel se junta, cicatriza, se regenera y sana por sí sola? Con vendas y curitas tapamos tal maravilla, pero ¡ahí está! Pues internamente pasa igual.

El placebo es esa dosis de amor y atención que muchas veces es lo que requiere un paciente para sentirse atendido -corporalmente hablando- si se da con cariño, fenomenal; pero si se da con hartazgo y tensión, te darán más lata porque recuerda: El primer contacto al comunicarnos es la energía.

Sucede que el placebo tiene un pariente, un hermano mala onda que se llama nocebo, ¿lo conocías? Nos lo presentó un equipo de investigadores de las universidades de Hamburgo, Colorado y Cambridge, mostrando que el “nocebo” tiene el mismo efecto impactante en el paciente que el placebo.

Un ejemplo para todos conocido es: “¿Ya te fijaste en los efectos secundarios de tal medicina?” Y justo lo que te mencionan empiezas a padecer. ¡Es que nuestro cuerpo es muy obediente! Lo que ordenes sentirá y hará, no importando si es realidad o fantasía. ¿Ejemplo? Al ver una escena erótica el cuerpo reacciona sin preguntar si eres tú el actor o el soñador.

Así que los efectos placebo y nocebo saben lo susceptibles que somos, lo históricos que nos ponemos al recordar experiencias pasadas, lo juguetones que somos al recibir información y lo expectantes que solemos ser.

Se cree que si las medicinas son caras son más efectivas, ¿lo malo en esto? El efecto nocebo del gasto y la angustia porque estresa de más.

Se puede mediar el efecto placebo y nocebo porque ambos llegan a las mismas áreas del cerebro, solo que con patrones de activación diferentes. Cuando el nocebo pega duro, el paciente dirá que empeora con su tratamiento, que nada le sirve, etc. Y a los que les dan placebos, generan dopamina que incluso tiene propiedades analgésicas.

Así que, si te toca lidiar con los pacientes rejegos, lo que sienten es solo mielo, enojo o tristeza. El miedo pudiera ser verdadero o imaginado.

Es importante llevarlo con amor a donde sí queremos, a un entorno emocional donde note opciones diferentes, que sepa que se vale re-plantear y re-valorar creencias y que su pasado debe servir para edificar un mañana que le encantará por lo nuevo que. al intentar, refrescará su renacer y bienestar.