Peaky Blinders

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Por El Recomendador

A esta serie creada por Steven Knight la crítica le ha dedicado muchos elogios. Consta de cinco temporadas, la última de este año. Se ha alabado su cuidada ambientación, sus guiones y la magnífica actuación del reparto. La Academia Británica de las Artes Cinematográficas y de la Televisión premió al mejor director y a la mejor fotografía. La de Irlanda, ha premiado a Cillian Murphy como el mejor actor principal.

La ambientación de la Primera Postguerra Mundial (1919-1925), es magnífica. Lo trasladan a usted de manera genial y realista a esa época sin omitir sus terribles costumbres. Podríamos decir que esta serie deja corto al realismo y a la violencia de El Padrino. En este caso el padrino irlandés, supera en crueldad y soberbia al italiano Vito Corleone. La crítica no se mide, premia a la mejor serie, dirección, sonido, efectos especiales, drama, vestuario, actuaciones, iluminación, maquillaje, etc.

Vale la pena destacar cómo el argumento responde a una moda actual: extiende la corrupción más cínica a toda los que están en el poder -gobernantes, empresarios- y los identifica como amafiados a los gánsteres y asesinos más despiadados. Al final se dice, incluso, que son peores que la mafia. Todo se vale: espionaje, traición, tortura, complicidad, impunidad y pactos con todo tipo de criminales. Llega un momento en que el protagonista asesino dice que los políticos y los empresarios son aún peores que ellos, la banda de los “Peaky blinders”. Y sí, los síndromes terribles causados por la crueldad extrema de la Primera Guerra y de las guerrillas irlandesas por la independencia y las crueles respuestas del gobierno inglés, dejan su huella: torturas, asesinatos, espionaje, traiciones, pactos criminales y ejecuciones privadas de todo tipo. El Ejército Republicano Irlandés y los comunistas son perseguidos sin piedad alguna. La independencia a una parte de la Irlanda católica viene hasta 1921 en que nació la República de Irlanda. El imperialismo opera, entre tanto, a todo lo que da.

La desmitificación de la figura de Winston Churchill que tantos tienen como un político ejemplar, y hasta citan sus frases como prodigio de sabiduría, resulta muy elogiable. La verdad sobre este personaje manipulador que recurrió a toda clase de crímenes para manejar la política exterior e interior de Inglaterra sale a relucir en esta serie. Se exponen también con crudeza los terribles traumas psicológicos que padeció la mayoría de los que participaron en la Primera Guerra Mundial, cuya crueldad no es suficientemente conocida por mucha gente que, por no leer historia. se ha quedado con la leyenda de que los veintes son una época encantadora, llena de talento y de artistas, tema con el que, por cierto, Woody Allen hace una película que explota genialmente esa nostalgia. El otro aspecto, el de la corrupción de los poderosos y de los traumas y la crueldad, escapan a quienes no leen libros de historia bien hechos.

Hoy la moda es poner argumentos que generalizan hasta el extremo la corrupción como si no quedara ningún lugar para las personas de buen vivir.