Moscú, la metrópoli rusa

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Por Dianeth Pérez Arreola

Al aproximarnos al centro de la ciudad, nos recibió la presencia cada más espesa de la policía antimotines. Ese día la oposición celebraba una “reunión” de la oposición. Las comillas son porque las manifestaciones están prohibidas en Rusia. “Pero está bien -dice el taxista tratándose de convencer de sus palabras- estamos en un país democrático y se pueden hacer reuniones”. Pero a Putin no le gusta la oposición, apunto sin obtener respuesta.

Según algunos medios, de los mil 500 participantes en la “reunión” fueron detenidos más de la mitad. La razón de las no-protestas es la negativa del gobierno inscribir a candidatos de oposición a las candidaturas con mira a las elecciones en septiembre.

La ciudad más poblada de Europa después de Estambul, supera los 12 millones de habitantes, pero sus grandes avenidas, sus enormes banquetas y sus amplios espacios públicos no dan la idea de estar en medio de un mar de gente, como sucede en Ámsterdam o en Londres, donde a duras penas se puede caminar.

La catedral de San Basilio es el principal foco de atención de la emblemática Plaza Roja, con sus cúpulas multicolores y sus ladrillos terracota. La imaginé más grande de lo que es, pero su tamaño de ninguna manera opaca su belleza.

Junto a este templo ortodoxo está la enorme barda que rodea al Kremlin, edificio del gobierno ruso y casa del presidente Vladimir Putin. Los ladrillos rojos del muro no son los que dan nombre a la plaza; se cree que deriva de una palabra rusa que hoy significa roja, pero que en el ruso antiguo quería decir “bonita”.

El nombre de Moscú proviene del río que atraviesa la ciudad, el Moscova, desde donde se puede apreciar la parte moderna y antigua en diversas embarcaciones y rutas. En pleno agosto, en estos días no hemos superado los quince grados, y en barcos y autobuses turísticos prestan mantas para protegerse del frío.

Conociendo la parte soviética de Berlín, pensaba que encontraría una réplica de aquellos feos y sencillos edificios aquí, pero Moscú es tan europea como Viena o París y su centro financiero tan moderno como la Gran Manzana.

Cada vez que visito un país nuevo, me doy cuenta que no cabe duda que en México somos muy amables y cálidos. Aquí los meseros son apáticos, reacios a contestar preguntas y fríos en el trato.

Muy cerca de la Plaza Roja está el famoso teatro Bolshoi, a donde fui con mi esposo y mi hija mayor a ver el Lago de los Cisnes. En las funciones de tarde no permiten la entrada a niños menores de diez años. Es un recinto hermoso, decorado con terciopelo rojo y adornos dorados, un candelabro gigante en el centro y muchos más pequeños junto a los balcones. En vez de tener la forma de un semi círculo, tiene forma de una estrecha letra u, lo que hace que la visibilidad no sea óptima desde todos los lugares del teatro.

Moscú es verde, hermosa y moderna en su exterior. En el interior sigue siendo una vieja chapada a la antigua, resistiéndose al cambio.