Migrantes rompen unidad de la ‘Border Patrol’… en piñata

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Por Gabriela Martínez Foto: Alejandro Moyrón

Tijuana. Un grupo de hombres se amontona en el patio, sobre un piso de concreto. Entre todos golpean salvajemente un bulto que les baila enfrente.

Alrededor de ellos, mujeres y niños vitorean el momento:

-¡Ea! ¡Pégale, pégale! Les gritaban.

Uno de los hombres en turno, toma un palo de madera con fuerza y arremete contra el bulto. Como puede se contorsiona. Brinca. Se mueve arriba, abajo y de un lado a otro.

En cuestión de minutos uno de los migrantes le saca las entrañas a la piñata con forma de una camioneta de la ‘Border Patrol’. Ellos reconocen perfectamente esa  figura porque muchos han sido deportados de Estados Unidos hacia México en esas unidades.

Se trata de la Posada en la Casa del Migrante de Tijuana, en donde desde hace 28 años preparan una serie de eventos para celebrar las fiestas navideñas, explicó el administrador, Gilberto Martínez.

“Somos como una familia y de lo que se trata es de festejar estas fiestas, aquí no sólo hacemos la posada para ellos. Todo el año tratamos de compartir el tiempo de la mejor manera. Le cantamos las mañanitas a la Virgen, festejamos el Día de la Independencia, el de Muertos hacemos nuestro altar, hasta la Cuaresma”.

A diferencia de otros años, fueron pocos los presentes ya que el número de deportaciones ha disminuido. Actualmente el refugio opera con el 50, por ciento, de su capacidad que es de 120 espacios.

“Tratamos de mejorar su estancia aquí, vienen de historias terribles y muy tristes, por lo menos que puedan alegrarse un rato con música… de todos modos, como buenos mexicanos, la música la llevan por dentro”.

Jose Francisco García es uno de los deportados que recién llegó al albergue.  Tiene una barba crecida y rebelde. Sus ojos se miran cansados, dice que no ha dormido porque no tiene sueño.

En estos días ha pensado en la posibilidad de mirar a sus nietos y a sus hijos, a quienes no mira desde hace 11 años, desde que cruzó como indocumentado hacia Estados Unidos.

El pantalón y el suéter que usa para esa noche se los entregaron en la Casa del Migrante, porque al deportarlo no llevaba ninguna pertenecía. No le dieron oportunidad de sacar nada.

“Yo lo único que quiero es ver a mi familia, lo primero que voy a hacer es abrazarlos ¡Abrazarlos mucho, muy fuerte! Los extraño y quiero verlos”.

Francisco está parado frente a un pizarrón que fue colocado a la entrada del albergue. En ese pedazo de plástico en blanco, los invitados pueden dejar un mensaje, el suyo:

-Todos cruzamos la frontera para una mejor vida. Para tener un mejor futuro y para que si de todos modos todo lo perdí.  

Como su historia, existen otros dice el administrador del albergue. Decenas de hombres y mujeres llegan a Tijuana y al resto de los albergues de otros estados. Algunos puedes iniciar su vida de nuevo en México porque tienen familiares con quienes apoyarse, pero hay otros que no.