Más Yin, sin tonic

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Por Ana Celia Pérez Jiménez

Últimamente me encuentro bombardeada en tantas partes con esos mensajes positivos y ¡sí! hay mucho de positivo en el respirar, la vida y la energía, lo que es y vendrá, el pensamiento y sus motivos; pero no, no lo positivo lo es todo, no es una totalidad. Si hablamos de mundo y hablamos de verdad, se requiere su contraste, la otra mitad, al igual que hablar de ello; hay que ponerle lugar en el mapa, en el corazón, nombre a la persona y saber que siempre esta lo oscuro, lo negativo, la atracción del abismo, como le quieran llamar.

Pienso que la fijación por la sonrisa y el “mundo feliz” nos ha creado una falsa expectativa de la vida y de nosotros mismos, no, no nacimos para ser felices, nacimos para vivir esta experiencia en la vida y la vida trae todo lo que podamos sentir, trae todas las escenas que podamos imaginar, todas las formas, todo lo que se pueda dibujar en la mente y la imaginación. En la vida esta esto que conocemos, las palabras del diccionario, los sentimientos recitados al terapeuta, los gritos que se guardan en secreto, las causas de la guerra, del asombro, el dolor, la aberración y el sufrimiento.

Hay que dejar la mentira a un lado y solo usarla cuando es necesaria, hay que enseñarnos con verdad la verdad, lo que es, lo que viene, que se pasa, que se adquiere, que transforma y dejar a la felicidad descansar un rato, guardarla con cuidado y agradecerle por tanto y dejarla de reprochar el resto.

He visto vidas perdidas en búsqueda de la felicidad de bolsillo, he visto apagar la vida en búsqueda de la luz ¡irónicamente! Y me he visto a mí. He aprendido con el tiempo a valorar lo que viene, lo que puedo sentir y palpar, ya no doy gracias por estar viva, doy gracias por sentir, por darme cuenta de lo bueno y malo y sobre todo de lo que encuentro en mí. Hay cosas que dejamos como secundarias porque sencillamente no nos educaron, no nos enseñaron a que estas eran las esenciales, las arrojamos pensando que el regalo estaba dentro. Es correcto ser en esplendor lo que se desee ser, cada decisión con sus consecuencias, cada nombre ya lo tiene, cada vida ya la lleva, cada alma con su ruta.

Me es necesario expresarlo, decirlo, porque por algo tengo palabras y por extraña razón, a momentos se acomodarlas; comparto lo que pienso, lo que me ha salvado, lo que me funciona, mi verdad justificada, sin embargo, nunca absoluta.

 

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