Los nocturnos de Ana I 

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Por Ana Celia Pérez Jiménez

¿Te has preguntado quién eres cuando estás solo?, ¿cuándo no hay nadie más que tú?, ¿cómo describirías a tu ser interno, aquel que habla contigo todo el día?, aquel que te cuenta, que extraña, que se mima y que hace berrinches dentro de ti. ¿Cómo es esa persona?, ¿llevan el mismo nombre?, ¿lo mostrarías a cualquiera? No pretendo romancear con la idea, trato de revivirla y no todo lo que vuelve a la vida, regresa intacto, eso no lo digo yo, lo dicen las leyendas, también hay monstruos que despiertan.

Pienso que dentro de nosotros se esconde nuestro ser esencial, aquel que no se viste, no compra, no tiene programa favorito; aquel que siempre observa, sabe, sabe más que tú el que dice leer, sabe más que yo, la que pretende escribir. Dentro de nosotros está todo lo que ignoramos y que también aprendemos a ignorar. Dentro está el universo dicen unos, a mí no me consta, pero pienso que es cuestión de querer entenderlo, no, mejor dicho, de esforzarse a querer hacerlo; de escuchar esas voces a las cuales les hemos bajado el volumen toda la vida, esas que nos hablan sin tiempo, que nos hablan palabras confrontantes, puras, enigmáticas y reales.

Puede ser que sea difícil, dicen que ningún humano ha logrado descender al fondo del mar, menos al fondo de su propia consciencia. Pero, me parece que ahí está una nueva existencia, no esperando, siempre siendo, el nuevo mundo, el nuevo ser, la no necesidad del idioma. Estamos en un piso muy alto y no siempre la altura eleva; colchones para dormir, cuando solo se necesita un piso para reposar. Hay tanto para el cuerpo y tan poco para el alma, un mundo superficial para un cuerpo elaborado, adornos, costuras y un humo contaminante que hace toser al espíritu.

Creo que debemos cerrar los ojos si queremos ver, una contradicción popular que pienso cierta. En silencio se escucha, a momentos me escucho y escucho, es como si al cerrar los ojos y sentir el ritmo del cuerpo, te adentras a un nuevo ecosistema, donde sientes el ritmo de la vida, el flujo de la sangre, la iluminación que comienza al cerrar las cortinas; el tambor de los años, la máquina y sus calderas, la imaginación y sus infiernos, el cielo y las promesas. Estamos llenos de historia, de años, palabras, nombres, esencias, marcados en el alma, por lo aquello que siempre se es. Un mundo sin mapa.

No hay bien o mal, no hay descubrimiento o perfección, únicamente la relación del presente y lo presentado. No hablo de teorías, hablo de las mejores preguntas, de la llave de la duda, la curiosidad del que navega y de todo eso, de todo eso que acontece, sin que nosotros tengamos la vaga idea.