Los muros sí caen (Parte 2) – Praga 1989

Por Adriana Zapién y Valente García de Quevedo

Valente me cede el espacio para seguir con este serial que como les platiqué la semana pasada sería en torno a la caída del muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989 y que detrás de él cayeron todas las piezas que habían hecho fuerte a la impenetrable cortina de hierro. De la pieza que hablaré hoy será la de la caída del comunismo en lo que fue Checoslovaquia llamada la “Revolución de terciopelo”.

Los acontecimientos que la detonaron fueron sin duda la caída del muro de Berlín y el colapso de bloque soviético y por supuesto un natural hartazgo de régimen comunista. La “perestroika” de Gorbachov que venía desde 1985 que llevaba a toda la Europa Oriental vientos de libertad que respiraban los habitantes. Todo lo que vino desde la caída del muro fue una reacción en cadena a la que se llamó las revoluciones de 1989.

La revolución de terciopelo fue el movimiento que detonó que el partido comunista checoslovaco  perdiera el control que tuvo durante 45 años y que daba pie a la transición del capitalismo. Se le describió de terciopelo por la manera pacífica en la que se dio la transición. Gorbachov con su perestroika dio instrucciones para que el kremlin no enviara a los países del eje comunista tropas en defensa del marxismo-leninismo, cuando comenzaron las inquietudes de terminar con el régimen; sino que su discurso era que se sumaran todos se sumaran a la perestroika.

Sin al apoyo del Kremlin ni su ejército rojo, el 29 de noviembre un masivo tintineo de llaves en soporte al movimiento de liberación, se anunciaba la hora de irse a los comunistas. Simbolizando la apertura de las puertas a la libertad para que un par de años después comenzara la independencia de la Republica Checa y la República Eslovaca dando fin a lo que fue Checoslovaquia.

A Praga hoy también se puede entrar y salir como en cualquier nación libre donde la democracia dejó atrás la violación de los derechos humanos que implicaba la perdida de la  libertad. Las fronteras abiertas, la libertad de expresión y la libertad de prensa son logros invaluables en países que vivieron 45 años bajo el yugo comunista.

Cuando tenía programado visitar Praga leí todo lo referente al país que ya era Republica Checa; consulté desde guías de viaje, libros de historia hasta artículos periodistas y en uno de estos leí un encabezado que citaba “Por fin podemos viajar sin obstáculos” y relataba que dos tercios de los checos valoraban positivamente los cambios de la transición y una de las causas más fuertes era la perspectiva de viajar libremente por el mundo, pues viajar hacia el exterior en el régimen totalitario resultaba casi imposible salir del país.

Obviamente el resto que no opina que valoraban positivamente los cambios de la transición, es porque la entrada al capitalismo además de la libertad lleva consigo el libre mercado y entonces los que prosperan tiene una opinión y los que no lo hacen tienen la suya y las desigualdades crecen aun así, en este siglo XXI ya se reflexionan en como disminuir las brechas de las desigualdades.

Todos los extremos son malos, las posturas radicales también; sin duda tenemos que trabajar por el bien colectivo y reducir la brecha de la desigualdad, pero aprender de la historia nos ayuda a revisar cómo se han dado los sucesos y no volverlos a repetir. No perdamos de vista los regímenes con aires autócratas y levantemos la voz cuando sea necesario.