Los dos papas

Por El Recomendador

Escribir argumentos sobre la base de noticias amarillistas es algo muy frecuente. Existe libertad para hacerlo. Pero cuando una película pretende ser realista y presenta a dos famosos personajes vivos y actuales, uno tiene que criticar lo que resulte ficticio y no real. Benedicto XVI resulta minimizado y, a ratos caricaturizado, a pesar de ser uno de los intelectuales más prestigiados y con el pensamiento más profundo, según consta en sus numerosos libros, en sus encíclicas monumentales y en su enseñanza pastoral. Su sucesor, el papa Francisco, no sólo ha reconocido esta obra profundísima, sino que la ha elogiado y la cita continuamente.

Un análisis profundo de John Waters, periodista católico irlandés, hace ver que ninguno de los dos personajes de la película, se parecen en nada a los hombres reales que presenta, como no lo son tampoco diálogos y reuniones que el filme les atribuye.

Una vez que uno ha reconocido que la película es ficción y no historia, aunque una que otra escena de la película sí esté tomada de la realidad, ya se puede empezar a examinar la obra como obra literaria y no histórica como muchos creen. Nunca se reunieron ni en Castel Gandolfo antes de la renuncia de Benedicto ni tuvieron jamás las conversaciones que en la película se les atribuyen.

El guion de la película está basado en la obra de teatro de McCarten, The Pope, escrita en 2017. El autor inventa una serie de conversaciones imaginarias entre los dos papas.

Es preciso rechazar un Benedicto obsesivo y con ideas fijas y a un afable Bergoglio estereotipado y contradictorio. Dice el crítico citado que “Hopkins es totalmente inadecuado para este papel: retrata a un hombre obstinado y torpe, con la cara hinchada y con ojos como los de un borrachuzo con una mala resaca. Todo está mal en su caracterización, y cualquiera de las elegantes cualidades de Joseph Ratzinger brilla por su ausencia: los modales, la modestia, la pasión por las ideas, como también su timidez y silenciosa dignidad”. En realidad, los grandes temas del papado de Benedicto fueron: el amor, la caridad, la verdad, la esperanza, la fe, la razón y la belleza. Nada que ver con la obsesión con la homosexualidad y el celibato sacerdotal que se le atribuye.

Hay que rechazar también la descripción del Papa Francisco. Otro cliché en que el autor de la obra hace el ridículo al presentar en esta forma al Papa actual: “Es un soplo de aire fresco con el carisma de una estrella de rock; hay algo de John Lennon en él (ambos han sido portada de la revista Rolling Stone) y una propensión a hacer declaraciones increíbles que dejan sin respiración incluso a sus fans más fervorosos”. Bergoglio es un “argentino carismático y divertido, un hombre humilde, extrovertido, que viste de manera sencilla (utilizó el mismo par de zapatos negros durante veinte años). Es un hombre común, un hombre del pueblo. En el pasado incluso tuvo novia”.

Tal vez el balance de la película puede hacerse con esta frase irónica de Benedicto XVI le dijo a un reportero que insistía en pedirle vaticinios acerca del cónclave que estaba por celebrarse con motivo de su renuncia: “Desde luego”, dijo, “es el Espíritu Santo el que elige al Papa”. Dicen que hizo una breve pausa antes de exclamar con mucha ironía: “Y el Espíritu Santo, sólo en contadas ocasiones, se equivoca”.