Los castillos humanos de Tarragona

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Por Adriana Zapién y Valente García de Quevedo

Una de las ciudades que más visito cuando voy a España es Tarragona, de la cual me gustan muchas cosas, entre ellas sus ruinas romanas, los turrones que compramos en Sirvent y sus tradiciones arraigadas, como los castells. Valente ama más que a 30 minutos está el Priorat, su zona vinícola favorita. Pero volviendo a los castells, les cuento que es una palabra catalana que significa castillos pero en esta zona el término se usa para denominar a las torres humanas que se realizan entre equipos desde el siglo XVIII.

Estas torres parecen una escena circense donde unos se montan sobre los hombros de los otros hasta formar una gran torre rematada por los más ligeros, y con esto me refiero a los chicos que forman lo que se le llama la canalla, cuya traducción es, “conjunto de niños” y que simulan la corona de la torre. El más ligero puede ser una niña o un niño, cuando llega a la punta saluda con orgullo del trabajo de todo el equipo y con un semblante que muestra la gran satisfacción de llegar a la cumbre a su corta edad; una cumbre que en ocasiones ha llegado hasta los once metros.

La agilidad de estos chiquillos los hace trepar de un hombro a otro con una destreza como si escalaran un árbol. La más alta es una de las grandes metas y el equipo ganador será el que monte y desmonte la torre de manera segura pero también veloz;  ya que esa es la clave para ejercer la menor cantidad de picos de tensión en cada miembro y así disminuir el riesgo.

Más allá de una tradición de culto catalán; este es un gran ejemplo de trabajo en equipo y disciplina, que se caracteriza por una confianza absoluta de cada uno de los miembros que tiene una posición especial dentro de la torre y que con una logística perfecta toman en cuenta el peso, la altura y la fuerza de cada uno.

Sin ciencia aplicada y tan solo tradición de siglos, logran levantar con un perfecto equilibrio una gran torre. Los más fuertes son la base y soportan el peso de todos los que forman la torre y a su vez amortiguan el golpe de los que pudieran caer. Según los expertos que han hecho cálculos dicen que el peso soportado por cada uno de los cuatro miembros de la base equivale a 483 kilogramos en promedio si la torre alcanza los 11 metros.

El casco en los niños es un aditamento nuevo en el castillo, disminuyendo las lesiones graves que puedan tener los menores. La gran base llamada piña es la fuerza que compacta la gran torre que empuja hacia afuera la piña lo hace hacia adentro.

No me detendré a explicar cada detalle,  lo que sí me gustaría reflexionar es el sentido de identidad y el trabajo en equipo y sobre todo el valor de estos catalanes; porque el riesgo de accidentes es altísimo no solo para los que caen sino para los que están abajo.

Y aunque bajo el mismo principio de equilibrio de fuerzas ninguna torre es igual, en la rambla nueva de Tarragona está la escultura de los castells para que los viajeros podamos apreciar este símbolo de Tarragona declarado por la Unesco patrimonio inmaterial de la humanidad.