Las vacaciones escolares

0
248

Por Dianeth Pérez Arreola

La semana pasada, la escuela entregó los reportes de los alumnos, equivalente a las boletas en México. Aquí no se usan números para las calificaciones, sino palabras.

En Holanda los reportes vienen con siete gráficas: comprensión de lectura, idioma y vocabulario, matemáticas, deletreo, deletreo de verbos, habilidades de estudio y técnica de lectura. En cada gráfica hay tres zonas, que son abajo del promedio, promedio y arriba del promedio. Con una línea negra se va marcando el progreso del alumno.

Además, se especifica en detalle las notas de los exámenes y evaluaciones semestrales, que se expresan en palabras y no en números: “insuficiente” sería de cero a cinco; “suficiente” sería seis; un siete equivale a “más que suficiente”; un ocho es “bien” y hasta aquí llega la escala en educación básica, pues en Holanda no se usan los nueves y dieces.

Pues bien, una vez entregados los reportes escolares, ya solo queda ir a hacer tiempo a la escuela. Holanda es tan pequeña -cabe unas cincuenta veces dentro de México-, que las autoridades dividieron el país es tres zonas: norte, centro y sur, y las vacaciones empiezan con una semana de diferencia cada una, para no colapsar las carreteras y el aeropuerto. Tendremos que esperar hasta el 19 de julio para sentirnos de vacaciones, pues este año a esta zona le tocó salir al último.

De norte a sur el país mide poco menos de 400 kilómetros y de este a oeste son poco más de 160, así que es comprensible la medida del gobierno. Aun así, nunca faltan los embotellamientos. De Ámsterdam a Bruselas se hacen poco más de dos horas por carretera; lo mismo que se hace en dirección a Dusseldorf, Alemania o en los trenes rápidos a París y a Londres. Todo queda cerca en Europa y hay muchas maneras de viajar.

El aeropuerto del país se llama Schiphol, es el tercero de Europa en volumen de pasajeros -61 millones en 2018- y el primero en tráfico aéreo. La superficie del aeropuerto es enorme, 2 mil 787 hectáreas, y cuando el avión aterriza en los pólderes más lejanos de la terminal, hay que sumarle diez minutos de “carretera”.

Estamos deseando ya salir de vacaciones e ir al aeropuerto. El día 22 llegan mis padres para estar cuatro semanas con nosotros. Soy muy afortunada de que mi familia pueda venir a visitarnos en el verano; las niñas cuentan los días para abrazar a sus abuelos y contarles que salieron bien en la escuela. Ya nos veo en la casa con las maletas abiertas mientras mis padres sacan regalos y productos mexicanos y nos ponemos al día sobre los acontecimientos familiares.

Cada que vienen mis padres nos vamos a un país que no conocemos y yo atesoro esos momentos, viendo felices a nuestras hijas y a mis padres y trato de grabar todos los detalles de cada viaje en mi memoria y mi corazón. El tiempo pasa tan lento cuando se espera y tan rápido cuando se disfruta… mis hijas han hecho un calendario para ir marcando una equis cada que pasa un día y se llega la visita de los abuelos, y no se quien está más al pendiente de él, si ellas o yo. Cada día el espejo me regresa una imagen más feliz que el día anterior.