La Tormenta Perfecta

Por Manuel Rodríguez

Diana, estudiante de la Lázaro, no aparece, van días que se desconoce su paradero. Más de mil ejecutados en 5 meses y medio. Casi 130 son mujeres, en un Estado en donde todos los casos de feminicidio son desestimados porque se les vincula con droga aún sin haber una investigación de por medio.

La instancia de la procuraduría para robo de vehículos saturada de trabajo en Otay. Los centros forenses sin darse abasto. Más de 60 denuncias de robo a comercios y casa habitación a diario tienen a policías corriendo como niños detrás de un balón de un lado de la ciudad a otro. Nadie que ponga orden.

Un Presidente Municipal que pensó que este caos se gobernaba con mercadotecnia y un poco de humor malo. La corrupción en las oficinas de gobierno empoderada de todas las decisiones, trámites y permisos. Ciudadanos accidentados ya sea por el desmedido consumo de alcohol todas las noches o por la falta de señalamiento en obras improvisadas que zanjan el libre tránsito en un ya de por sí congestionado Tijuana. Es imposible bajar de Otay sin hacer horas, o salir de Playas sin pasar por un calvario. Obras fantasma con fines de maquillaje electoral que ya nadie se traga. Delegados municipales más preocupados por ver qué sacan en su último año, entregando a diestra y siniestra, permisos de vendedores ambulantes que les reporten una aportación extraordinaria.

Más y más preciosos edificios verticales en colonias que ya no cabe ni un alfiler. Sin un liderazgo visible la ciudad ha entrado en una etapa social y políticamente recesiva. No hay políticas públicas funcionales, todas son cooptadas por intereses particulares.

En Tijuana los políticos parece que están en competencia pero para ver quién se lleva el récord como el peor gobierno en la historia de esta comuna, y justo cuándo crees que ya lo has visto todo siempre aparece uno que te sorprende.

La ciudad se muere entre el hedor del drenaje sin tratar y la sangre que corre hacia el Río Tijuana. Bañistas que los fines de semana exponen a su familia y a sus hijos a enfermedades respiratorias y gastrointestinales al acudir a una de las playas más contaminadas del mundo.

En medio de la tormenta, se emprende el vuelo, se evaden los problemas. Se habla en inglés de una ciudad irreal, como si se viviera en un mundo paralelo, lo mismo se viaja prácticamente a escondidas a la India que a Chicago, para rematar con la indiferencia a cada uno de los vecinos sin casa de Lomas del Rubí. Aparecen declaraciones ridículas como las que ofrecen un permiso de ambulantaje a los damnificados de Melo, mandando a la calle, a quienes se quedaron en la calle producto de la corrupción institucionalizada.

Total ya que más da. Abrumado por los problemas, lo mejor es rehuir, decir que la veda electoral te impide tomar decisiones o hablar de temas importantes. Una burla tras otra y los empresarios preocupados por la reforma electoral.

Vamos en picada. No es posible. Tenemos que hacer algo. El barco ya se hundió y en el ambiente se respira una sola consigna: “sálvese quien pueda”. Por lo pronto, ya no hay a quién reclamarle, los políticos se volvieron avestruces y escondieron la cabeza en un hoyo. Pero el hoyo que nos encontramos es tan grande que no alcanza a taparlos. Ya ni su corrupción esconden, esto es un descaro.

Y saben qué, vamos de mal en peor. Parece que todavía no tocamos fondo y 2018 será el peor año en los índices de criminalidad que se tenga registro. Es necesario, hacer un llamado urgente a todos los sectores, académico, empresarial y social para que despierten sino, el pronóstico es que a éste barco se lo va a seguir llevando el próximo huracán que ya anda muy cerca, y se llama: XXIII Ayuntamiento.