La región más violenta del planeta

Por Daniel Salinas Basave

Con una elevada dosis de negrísimo humor británico, el erudito Thomas De Quincey definió al asesinato como una de las bellas artes. Lo que tal vez no imaginó este genial ensayista inglés, fue lo que significaría convivir con el asesinato como una trivial redundancia, una repetitiva e intrascendente monserga de la vida diaria. De pronto, casi sin darnos cuenta, la muerte cruel se volvió normal. El asesinato forma parte de lo cotidiano en México y en casi toda Latinoamérica.

Al cruzar el umbral de la tercera década del Siglo XXI, vivimos la que probablemente haya sido la era más sangrienta del hemisferio, en donde la violencia criminal es parte del día a día en las calles de nuestras ciudades, sin que existan conflictos bélicos oficialmente declarados. Cierto, ha habido momentos terribles muy focalizados, como fue el baño de sangre vivido en Colombia en las décadas de los ochenta y noventa con la narcoviolencia y la guerrilla, o las guerras civiles que asolaron a Guatemala, El Salvador y Nicaragua, o las sangrientas represiones de dictaduras militares en Argentina y Chile en los años setenta, pero no recuerdo un momento en que la ultra-violencia fuera algo tan cotidiano y repetitivo en la mayoría de las grandes y medianas ciudades del continente.

Los helados números dicen que Latinoamérica es hoy en día la región más violenta del mundo. Ninguna otra zona del planeta le hace competencia. Podemos revisar  la estadística histórica en las listas mundiales de las 50 ciudades con más homicidios por cada cien mil habitantes, y resulta que en promedio 40 o más son latinoamericanas y el resto son estadounidenses o sudafricanas. Tijuana ocupaba el primer lugar en 2018. Acapulco y Ciudad Juárez lo han ocupado en años recientes. También San Pedro Sula en Honduras, Caracas y no pocas ciudades brasileñas. Tal vez en Medio Oriente las cifras de muertes por terrorismo o invasiones militares sean escalofriantes, pero ni en Siria ni en Irak se tienen ni de lejos estos números cuando hablamos de criminalidad.

En contraparte, Europa es la región más segura del mundo, en donde menos homicidios se cometen. De hecho, a nivel histórico, nunca antes se habían cometido tan pocos homicidios en suelo europeo, o al menos eso dicen las estadísticas. Hay crimen, hay narco, pero el homicidio es atípico. Por ejemplo, en Italia tienen un severo problema con la mafia. Si leemos las crónicas de Roberto Saviano sobre su natal Nápoles, podemos concluir que en esa ciudad mediterránea la Camorra siembra el terror e impone su ley en las calles. Sin embargo, al revisar las estadísticas, nos encontramos con que  en el último lustro se han registrado un promedio de 400 homicidios al año en toda Italia. Baste señalar que en 2018 hubo 2 mil 640 homicidios tan solo en Tijuana para darnos una idea de la desproporción.

Ninguna ciudad europea, por violenta que sea, se acerca al horror latinoamericano. Pareciera que en esta región del mundo la vida humana ha perdido su valor. Todo aquello que se vuelve repetitivo acaba por caer en lo trivial e intrascendente. Se mata por imitación, porque está claro que la impunidad suele sentar sus reales. Asesinar es sencillo, es barato y, sobre todo, no tiene consecuencias. Triste realidad latinoamericana.