La literatura de TJ en Bellas Artes

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Por Daniel Salinas Basave

Junto como mis colegas Elizabeth Villa y Roberto Castillo fuimos a  la Gran Tenochtitlán para platicar de literatura Made in TJ en el Palacio de Bellas Artes y el centro Javier Villaurrutia con un intermedio en el Reclusorio Norte a donde acudimos a charlar con reos. El viaje, coordinado por el Instituto Municipal de Arte y Cultura y su directora Haydé Zavala en el marco del 130 aniversario de Tijuana, nos permitió compartir en la CDMX un poco de la narrativa, la poesía y la crónica creada en esta ciudad.

La literatura tijuanense encarna la esencia de nuestra tierra y lo que me gusta de Tijuana es su permanente vocación por el desafío, por pelear la contra, por romperle los dientes al engranaje de lo ordinario. Hay ciertas banderas solitarias levantadas por agricultores del mar y escultores de hielo en el desierto que me hacen tenerle fe a esta mentada de madre topográfica. A Tijuana la hace grande su gente, o más bien dicho algunos esfuerzos individuales con cara de utopía que saben remar cuando las aguas están picadas. Tijuana es un mosaico multicultural, un laboratorio de otredades. Somos híbridos, mixtos, heterogéneos, pero no creo que se pueda hablar de la literatura tijuanense o aún fronteriza como un movimiento reconocible por estilo o temática.

Somos una ciudad de mil y un esfuerzos individuales, veladoras solitarias que brillan en la tormenta. Somos la esencia más pura del “hazlo tú mismo”. Por lo que  mí respecta, tengo el vicio de mirarla con  los ojos del extranjero que acaba de llegar y la contempla por vez primera.

¿Quieren una probada de literatura tijuanense actual? Como ejemplo les pongo a cuatro autores contemporáneos que están muy activos en este momento: Joel Flores es un escritor tijuanense nacido en Zacatecas; Hilario Peña es un escritor tijuanense nacido en Mazatlán; Javier Fernández es un escritor tijuanense nacido en Jalisco y Juan José Luna es un escritor tijuanense nacido en Nayarit. Los cuatro vinieron de fuera y  sin embargo cada uno en su estilo está marcado por Tijuana. Lo que los hace más tijuanenses es que son migrantes y llegaron a esta ciudad en plan de aventureros y eso se refleja en su narrativa.

Yo soy un tijuanense nacido en Monterrey y sin embargo puedo decirte que las calles de Tijuana son mi escuela y mi inspiración. Sin ellas, tal vez yo no sería escritor o escribiría algo radicalmente distinto. Si hablamos de narrativa, te puedo decir que Federico Campbell es para mí alguien que me ha marcado el camino e influido de manera determinante en mi trabajo. Por fortuna, tenemos de regreso en la ciudad a Luis Humberto Crosthwaite, que representa la piedra angular de nuestra narrativa. Imposible dimensionar la literatura tijuanense y fronteriza sin leerlo. Tenemos muy activa a Rosina Conde, que es una narradora extraordinaria quien ha sido influencia para varias generaciones y tuvimos a Regina Swain que nos dejó hace poco. La frontera entre milenios encarna sin duda en la narrativa de Rafa Saavedra y los ensayos de Heriberto Yépez que marcaron un punto de inflexión. Además, existe una cofradía de jóvenes de lo más inquietos. Tan solo este año tuve la fortuna de presentar a dos muy interesantes como son Josué Camacho y Sergio Urista, por mencionar solo dos cuyo trabajo conozco, pero hay muchos, muchísimos más. Siempre es injusto mencionar nombres, pues estoy omitiendo demasiados y el espacio es corto.

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