La importancia del suplente

Por Dante Lazcano

Alguna vez el maestro Marty Schottenheimer me dijo que cuando se conforma un equipo de futbol americano siempre deberá pensarse en tono de prioridad tener profundidad en la banca pues si bien es básico el cuadro titular, el suplente deberá tener la misma o hasta más calidad que quien titularice los partidos.

De arranque las historias de Cenicienta siempre nos atraerán por diversos motivos, pero al final considero que si así sucede es porque el bueno puede triunfar en un mundo cruel.

Por lo mismo es que la historia Nick Foles no es la primera que se gesta en una hazaña heroica para aquel equipo improbable para ganar un Super Bowl, como lo hicieron ya hace casi dos semanas los Philadelphia Eagles.

Recordemos que Foles en diciembre debió suplir a Carson Wentz, el titular de pasador con los emplumados debido a que éste se tronó a rodilla después de un paso gris, por no decir mediocre en ocho temporadas en la liga, nadie pensó siquiera que el chavo pudiera guiar al equipo a obtener dos triunfos.

La primera vez que sucedió algo así fue cuando Earl Morrall, el pasado de 300 mil dólares, llevó al Super Bowl a los perfectos Miami Dolphins de 1972, aunque Bob Griese se recuperó, fue el suplente el encargado de hacer funcionar la magia.

Roger Staubach de Dallas en el sexto Super Bowl, emergió de la banca para suplir a Craig Morton, luego Terry Bradshaw en el Suer Bowl IX banqueando a Joe Gilliam, seis años después Jim Plunkett de Oakland suplió a Dan Pastorini.

Para la edición XXII Doug Williams de Washington suplió a Jay Schroeder, luego los NY Giants con Phils Simss lesionado, fue Jeff Hostetler quien hizo lo necesario para vencer a los Bills.

Doce años después Kurt Warner de Saint Louis, desde la pretemporada suplió a Trent Green, siendo quizá la historia que más nos gusta contar, un año después Trent Dilfer sentó a Tony Banks de Baltimore y Tom Brady para la temporada del 2001 le quitó el trabajo a Drew Bledsoe con los tramposos Patriots.

Lo interesante del caso es que en honrosas excepciones esos suplentes supieron cómo mantener la magia funcionando, aunque quedó claro que si bien los rosters deberán tener profundidad en la banca, un titular siempre tendrá una pequeña dosis adicional de talento que marcará la diferencia entre ser y no ser.

¿Pesará  el overol naranja?

Y se verán cosas peores, dice el buen libro en alguno de sus 17 libros.

Digo esto por la detención de Esteban Loaiza, exjugador de Ligas Mayores, quien supuestamente tenía en su casa, a unos metros de un kínder, un “clavo” de 20 kilos de droga, y pensar que hasta el lujo de vetar a un diario fronterizo por manejar en exceso de lo que quiera, un Ferrari, cuando jugó en Oakland.

Lo irónico del asunto es que cuando defendió la causa de los New York Yankees reconoció que no sólo la casaca pesaba, sino también el pantalón, ahora me gustaría saber el overol naranja que viste cuánto le pesa.

Mis dos centavos

Luego le llevamos sus bobble heads.