Holanda no mata viejitos

Por Dianeth Pérez Arreola

En los últimos días han circulado por las redes sociales notas que dan cuenta de una píldora que será aprobada en Holanda y que se pondría a disposición de las personas mayores para que terminen con su vida cuando así lo decidan. Medios de todo el mundo han replicado esta información que es errónea, está sesgada y muestra los hechos sin objetividad.

Aunque la práctica de la eutanasia data de los noventas, fue en 2002 cuando se legalizó, siendo Holanda un pionero. Los requisitos son muy específicos: hay que residir en el país, tener una enfermedad terminal, sufrimiento constante y nulas perspectivas de mejora.

Los menores a partir de los doce años pueden solicitar la eutanasia con el consentimiento de los padres, pero en Bélgica la ley es más amplia y todos los menores de edad con los requisitos antes mencionados y la aprobación de los padres pueden ser considerados.

Algunos médicos han pedido la flexibilización de la ley para menores de doce años. Esto -hay que subrayarlo- se trata de casos excepcionales y de ofrecer una alternativa; nadie es obligado a considerar esta posibilidad. En los primeros diez años de la ley de eutanasia en Holanda ésta solo se aplicó a cinco menores de edad: el más joven de 12 años y cuatro adolescentes de 16 y 17 años.

Desde hace tiempo surgieron voces que pidieron considerar la eutanasia también para pacientes psiquiátricos. Este tema es complicado porque no hay forma de saber si el deseo de morir es ocasionado por la enfermedad o si es una decisión razonada y consciente. En 2018 una paciente psiquiátrica de 27 años fue asistida para morir tras haber probado todas las terapias y antidepresivos habidos y por haber, abriendo la puerta a la eutanasia para este tipo de pacientes.

También hay quienes piden tener acceso a una muerte digna a pesar de no tener una enfermedad incurable ni sufrimiento constante. Es gente mayor que solo tiene los achaques propios de la edad, pero no quieren vivir para experimentar la decadencia de su cuerpo y su mente.

Ellos piden comprender el concepto de “una vida completa”; ya vivieron con satisfacción y alegría su vida y antes de que no puedan disfrutar más de las cosas que los hacen felices, prefieren marcharse con sus facultades y su cuerpo intactos.

Para poder considerar a este grupo dentro de la ley de eutanasia, es que el gobierno holandés ha hecho encuestas e investigaciones; no se ha aprobado ninguna pastilla ni se han empezado a considerar casos como estos.

Si la eutanasia para casos de enfermedad terminal y sufrimiento constante es difícil de entender desde la óptica religiosa y conservadora, sin duda las razones de “una vida completa” son menos comprensibles y así resulta más fácil ver esta cuestión como una limpieza gubernamental de gente que gasta muchos recursos públicos o de plano como vil pecado. Lo cierto es que quien ha visto agonizar a alguien de una enfermedad terminal o ha sufrido dolores terribles en carne propia, lo ve de otra manera.