Hemofilia emocional

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Por Ana Celia Pérez Jiménez

Todos hablan de los contrarios, antónimos, de las leyes de la vida, incluso mi persona y damos doctrina de lo positivo y lo que puede ser y podría; pero he observado que no siempre es así y por alguna extraña razón nos mentimos y mentimos. Extrañamente queremos decir que de todo se aprende, de todo se crece y a veces no pasa, lo seguro es que de toda experiencia se cambia, uno no queda igual, no sale igual, algo de la experiencia queda en uno y uno a momentos queda en ella, escenas fijas, como retratos, cual pinturas. Cambiamos y no siempre es a mejor o en ruta, quizá ese tren que se fue, ya no se logra alcanzar y una parte de ti se marcha y no sabes a dónde.

No todo lo que sube baja, no todo lo que se cae puede o quiere levantarse, no todos crecen del trauma, he visto plantas morir a mi propio cuidado, sin saberlo, sin poder hacer nada. He visto adultos funcionales, pero no precisamente presentes, no iluminados, dormidos en su profundo ser, pretendiendo, vistiendo de mejor; no todo se recupera, hay cosas que por siempre quedan perdidas y también es necesario decirlo, afrontarlo y saberlo y así vivir.

Existe lo que es y lo que quisiéramos no, no existe, no es, no está, por ningún lugar lo encontrarás, pero a momentos lo forzamos al otro, a uno mismo, cuál obligación universal y existencial y el otro queda entra la espada y el dolor, entre la pared y el silencio. Queremos pensar y pretendemos saber que las cosas cambian para bien y que hay mejoría, que todo es para un mejor bien, un optimismo aferrado y sencillamente en todos los casos no aplica y queda el daño, la grieta, el dolor, lo que no crece y existe para morir.

No tengo consejo para esto, pero lo observó, incluso en detalles de mi persona y como lo evado para ser vista, más no para ser, soy lo que soy en natural y parte de mí a la sombra, parte de mí aceptando, a veces no hay de otra. Pienso que se debe hablar de ello, conocer eso que no sana, la hemofilia emocional, el koan sin acento o maestro o solución. Sólo nos queda querernos, amarnos y sí eso no es lo que se ofrece, alejarnos, alejarlos. Uno es más allá de la expectativa, pero un abrazo acompaña, porque aún en las tinieblas no se quiere estar solo.