Gran tristeza

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Por Maru Lozano Carbonell

¿Te has sentido deprimido alguna vez? Todos de alguna manera nos hemos sentido así y es quizá la depresión que más afecta aquella que sienten los seres queridos y cercanos a nosotros.

La depresión trata de decirnos que, cuando estamos muy enojados porque la realidad no coincide con la fantasía que teníamos, entonces nos frustramos y sentimos impotencia, luego enojo y terminamos en una tristeza profunda, o sea, en la depresión total. Pero, ¿cómo y de dónde surge tal fantasía? Puede venir de un asunto orgánico, puede provenir de la educación que recibimos o bien, pudo tomarse de la sociedad.

La depresión se manifiesta con vicios que nos ayuden a “no sentir nuestro cuerpo” y permitir seguir viviendo en la “fantasía ideal que se tenía”. Se dice que la depresión es una agresión no descargada que acumularon las ideas aprendidas como: “Soy tonto… qué pena demostrar cariño… soy malo… siento vergüenza de mí mismo… tengo que esforzarme mucho si quiero conseguir tal o cual cosa… soy culpable de todo… si se nota mi enojo me van a rechazar… tengo que guardar mis sentimientos y no expresarlos… el que se enoja pierde…  la gente educada no debe perder los estribos…  no se llora en público… etc.”.

Esos y otros “deberías” los tuvimos que usar obligatoriamente y como no son propios, no supimos dónde acomodarlos en nuestro sistema de vida; nos los tragamos, vivimos con ellos y llega el momento en que nos damos cuenta que nuestra realidad no coincide y obviamente nos vamos a enojar, ¡a nadie le gusta vivir en la mentira!

Yo pensaría que la tristeza está en que se rompió la fantasía y ¿sabes qué? la imaginación y la ilusión siempre pesan más porque hay que trabajar mucho en ellas en cambio, si se dejara de analizar y simplemente se reconoce que hay un enojo y un miedo natural pero que no va a paralizar nada, dejaría de ser importante el conflicto que se estuviera experimentando de repente.

Otro favorecedor de la depresión es el ambiente en que se vivió y donde no se permitía expresar amor, disgusto, afecto, temor, pena y muchas otras cosas más y por lo tanto, se inhibieron los movimientos corporales que nos hubieran podido ayudar a decir cómo estábamos y nos volvimos agresivos con el primero que se ponía enfrente y si nadie se puso, entonces contra nosotros mismos permitiendo el alcohol, drogas, apuestas, anorexia, vigorexia, bulimia, sobrepeso, sueño o lo que sea que ayude a vivir fuera de nuestra esfera corporal.

Matamos las sensaciones para no sentir. Nos volvemos eufóricos, pero en contra nuestra y ahora, ¿cómo salir del laberinto? Es importante ir con un médico especialista a ver si no es algo orgánico o bien, que el experto psicoterapeuta nos ayude a aterrizar en el presente y a utilizar nuevas frases como “hoy yo quiero… ahorita yo voy a… me gusta… deseo… siento…”. No es necesario buscar explicaciones a la realidad que se vive, no se debe justificar la realidad de nuestro presente, es tan liviano dejarse llevar… ¡Inténtalo!  Acuérdate que la depresión se enfoca al pasado o al futuro imaginado, ninguno de esos dos existe ahora mismo; así que lo ideal es empezar a incrustar gente, situaciones y lugares que abonen positivamente a tu movimiento. ¡Vale el esfuerzo!