Facebook: Ahora resulta que…

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Por David Saúl Guakil

Con más de un millón cien mil usuarios en México y poco más de dos mil millones en todo el mundo, el otrora seguro Facebook hoy no lo es tanto y nos obliga a tomar medidas personales para no ser violada nuestra privacidad. El escándalo de Cambridge Analytica, basado en el robo masivo de datos en usuarios de Facebook con fines electorales, desató la controversia y dispersó la desconfianza.

Impensado hace apenas unos meses, este tema retumbó tan fuerte en los medios de comunicación internacional, que hasta el mismísimo talentoso y exitoso Mark Zuckerberg, la semana pasada tuvo que comparecer ante la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, reconociendo y ofreciendo disculpas de manera valiente y honesta que “se equivocó” en el control y descuidó, su compañía, muchos detalles para proteger a sus clientes, pero al mismo tiempo, negó que su empresa esté abusando de la información que acumula. Sin embargo, su sitio web de redes sociales reconoció algo que nos puso a dudar y temblar; detallaron que ellos conocen todos los movimientos de los usuarios, desde cuánto dura una charla con otros internautas y con quién estás conectado en hashtags y grupos, hasta cómo mueves tu mouse, o sea que Facebook no sólo puede recolectar contenidos de información privada, sino el universo que rodea a ese contenido, todos los datos que tengas en tu teléfono celular –incluyendo operaciones con tus tarjetas de débito o crédito-, en tu computadora personal o de oficina.

Ahora bien, qué debemos hacer los ciudadanos de a pie, aquellos que usamos este servicio y hoy vemos con desconfianza, hasta dónde volcaremos datos personales u otras notas e  información importante en esta famoso, masivo y controvertido sitio.

Según los expertos, mucha de esta información tendrá que ver con el consentimiento, por ejemplo de, ¿qué tipo de información querrían ver los niños en línea en el futuro? Porque las generaciones anteriores nunca necesitamos poner en consideración este asunto, pero la llegada del internet y las redes sociales, han puesto el acento en este tema y hoy debemos revisar en familia y en nuestras empresas todo lo concerniente a la información que debemos, o no, proporcionar.

Lo último que desearíamos es brindar datos a personas indeseadas como la ubicación de nuestros hijos o nietos y sus escuelas, horas que se trasladan y otras señales que sólo deben pertenecer al núcleo intimo que nos rodea. Entre las recomendaciones más puntuales está el dejar, definitivamente, de etiquetar nuestras ubicaciones; qué dónde estamos, con quién comemos o dónde estaremos al otro día y a qué hora. No fotografiar boletos de nuestros viajes para presumir vacaciones, o logros profesionales a cada rato, porque el código de barras del ticket no sólo brinda información de tu vuelo, sino que descubre datos “útiles” para el robo de información. Nunca más poner números personales y mucho menos de tarjetas de crédito, habrá que buscar alternativas.

Que no cunda el pánico, pero sí que empecemos a darnos cuenta que estos sitios fallan en su control y nos pueden perjudicar si no tomamos precauciones.