Entre campañas y candidatos

Por Óscar Díaz

Ha comenzado una nueva campaña electoral en BC con varios factores que la hacen visiblemente diferente; primeramente resulta ser una campaña muy corta, donde se compite entre otros cargos por una próxima gubernatura de dos años para el que la gane, donde además existen alcaldes queriéndose reelegir, donde existe un PAN local bueno y uno malo, donde un PRI local intenta competir muy disminuido -igualito al nacional-, y donde existe un MORENA local muy fuerte por tendencia –algo inédito a esos niveles por estos rumbos-, entre otras cosas.

En la coyuntura prevalecen algunas situaciones interesantes que jugarán un papel decisivo para esta votación, yo identifico por lo menos cuatro: 1.- la etapa de inseguridad que actualmente se vive en Tijuana, 2.- la corrupción rapaz que se atribuye el actual gobierno estatal panista (y que ya se encuentra muy sembrada en el imaginario colectivo de los ciudadanos en la entidad), 3.- la inercia López Obradorista y por ende morenista que aplastó a todo y a todos en las pasadas elecciones federales y, 4.- la imagen de corrupción, pero sobre todo de miopía intelectual que a pulso se ha construido sin querer queriendo el actual alcalde de Tijuana.

Estas situaciones que ya preexistían al inicio de las campañas electorales son las que en gran medida definirán el rumbo de las próximas elecciones. Gracias a esas condiciones es que cada partido, coalición y candidato han adoptado una postura específica para participar, dependiendo de dónde están parados, qué números traen y a quién representan.

De ahí la importancia de entender que las elecciones se empiezan a ganar o a perder desde mucho antes de haberse iniciado una campaña, y que lo que suceda durante el periodo de competencia oficial solo será definitorio en situaciones de diferencias porcentuales apretadas o cercanas, o en casos de eventos dramáticos sucedidos ocasionalmente durante las mismas, para bien o para mal.

Bajo esa tesitura es fácil comprender que el candidato morenista Jaime Bonilla que aparece en las encuestas como puntero para la gubernatura quiera exponerse poco a los errores, con una campaña más presencial a través de gráficos que interactiva, para administrar y conservar su ventaja, minimizando sus episodios de riesgos; así como también es de entenderse que el candidato panista Óscar Vega Marín esté tratando de desarrollar una campaña fresca, propositiva, creativa y proactiva, casi como de oposición, mientras que intenta al mismo tiempo desmarcarse del actual gobernador por necesidad, para intentar ser competitivo.

Traducida esa competencia de estrategias a la ciudad de Tijuana vemos a un Arturo González Cruz desconocido para la población general pero apoyado por la marca hoy en día más popular y más rentable, Morena; a un Leyzaola con una retórica que viene como anillo al dedo para los tiempos que vive la ciudad, y aun Gastelum que apenas se sostiene en su voto duro, pero que aun así opera políticamente, al mismo tiempo que distrae y estorba. Obviamente existen más candidatos y partidos compitiendo para alcaldías y diputaciones locales por medio de otros partidos, pero el espacio no me alcanza para referirme a todos, de antemano les pido una disculpa. Por cierto, ¿ya notaron la ausencia de candidatos independientes que prevalece en esta ocasión?

Por todo lo anterior podemos decir que la definición de una campaña exitosa es relativa, dependiendo de a que candidato le funciona su estrategia y a cual no, en relación con los objetivos trazados, que por cierto no siempre se reducen a ganar el puesto de elección directa por el que compiten. Ojala podamos ver en esta ocasión un alto nivel de competición y un bajo nivel de abstencionismo; por lo pronto ya estamos otra vez entre campañas y candidatos.