Entre Ángeles Azules y Eminem

Por Juan José Alonso Llera

Siempre he pensado que para poder opinar del algo por lo menos debes de conocer las bases de lo que hablas, así que para que no me contaran decidí aceptar la invitación para asistir a Coachella y ver todo lo que acontecía en este alocado festival de arte y música.

Para empezar quiero contarles algo de historia, este festival tiene sus orígenes casi por accidente el 5 de noviembre de 1993 y surge como protesta buscando una sede alternativa para el concierto de Pearl Jam, que se rehusó a tocar en Los Ángeles como respuesta a una disputa por los cargos abusivos en los que incurría (o incurre) Ticketmaster. El show se llevó a cabo con mucho éxito en el Club de Polo, en Indio, CA, en el valle de Coachella en el desierto colorado. Fue el momento en que los organizadores Paul Tollett y Rick Van Santen con su empresa Goldenvoice visualizaron una oportunidad de oro, que ha ido creciendo exponencialmente hasta nuestros días. Lo que empezó con una asistencia de 37 mil personas, hoy rebasa las 250 mil siendo un negocio de más de 110 millones de dólares en ingresos, y que el año que viene será la edición número 20, ¿Cómo la ven?

Todo empezó partiendo de Tijuana a las 3 de la madrugada del viernes, arribamos a Indio con el amanecer, pasamos por víveres al Food 4 Less de la ciudad, acto seguido nos enfilamos para entrar y ser revisados por unos amigables tipos de seguridad, después de un par de horas armamos el camping. Me vestí de carácter (según yo) y de repente noté a toda la gente disfrazada o desvestida de un sinfín de raras maneras, que a la postre me di cuenta de que el raro era yo. Doblándoles la edad promedio y engalanando con unos jeans que nadie más llevaba (ni por calor, ni por moda, cosa que corregí al día siguiente). Reflexionando en este punto entendí que era el momento idóneo para que cada quien reflejara su libertad interior y su amor desmedido por la música.

Fue un instante increíble cuando se abrió la jornada con el concierto de los Ángeles Azules, bailé (es un decir) y gocé, entre libertad, México y locura. Después con los míticos 4:20 pm, 4/20 mes/día en la tocada de Skip Marley, apareció una nube de maría que seguramente era imposible pasar un antidoping, aunque dejaras de respirar. Hubo 3 días de experiencias únicas, un mundo de gente hermanada por la música, la alegría de ver a su artista favorito, personajes exóticos, exposiciones de arte descomunales, comida y bebida cara y mediocre, mucho calor (de todos tipos), tecnología al más no poder, colores, no importaba que no supieras de música, sin duda la sentías y le sumabas el show visual alrededor de los cantantes, obteniendo como resultado una experiencia sorprendente, que dicho sea de paso no creo repetir, pero que bueno que tuve la oportunidad de estar ahí y hoy compartirlo con ustedes.

Para algunos pudiera parecer mi crisis de la edad madura (la verdad no me importa mucho), para otros una aventura más, para alguien una ridiculez, pero para mí fue algo genial que me puso la vida y que no me que resistí a probarlo. En fin no soy el mismo después de este vivir este fin de semana, los invito a no tener ideas preconcebidas, ni miedos y arriesgarse a tomar las múltiples opciones que la vida nos da.