El viaje del «Guasón»

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Joaquín Phoenix como "Joker" en la película del mismo nombre. Fotografía: Warner Brothers

Por Manuel Villegas

La espera terminó y, desde hoy, la película de «Joker», el villano más famoso de Ciudad Gótica, está en cartelera normal en Tijuana y el resto del País, esta vez con el protagónico de Joaquín Phoenix, quien ofrece un memorable duelo si lo comparamos con las representaciones del mismo personaje que ofrecieron Nicholson, Ledger y Leto en la pantalla grande en 1989, 2006 y 2017, respectivamente.

Esta ocasión, el director Todd Phillips parece renegar de ser famoso por sus comedias anteriores, y ahora decide dar un giro al profundizar en las oscuras y peligrosas calles y callejones de Ghotam City para ofrecer su propia versión (también es coguionista) del universo de Batman. De esta forma, crea un mundo donde los payasos difícilmente nos harán reír, donde el vandalismo, la violencia, los políticos redentores, los recortes presupuestales al sistema de salud y las manifestaciones violentas son pan de cada día, en una metrópoli donde aún faltan dos décadas para que llegue al rescate el Caballero de la Oscuridad.

En la cinta, Phoenix de verdad que entrega el pellejo, y literalmente, porque deja ver huesos y costillas, igual que en su momento lo hicieron «El Maquinista» Christian Bale (2004) y Matthew McConaughey en su papel para «El Club de los Desahuciados» en 2014; y con esta caracterización del payaso más maligno de los cómics, por esa risa demencial y su actuación en general, ya se encamina de narices hacia las futuras listas de premios de «Mejor actor» que habrá este 2019 y en el «Óscar» de 2020.

Este «Joker» de la dupla Phoenix-Phillips, nos reta a involucrarnos en una ciudad ambientada en los años ochentas, que podría ser cualquier ciudad actual, hacia un demencial abismo de crudeza visual y emocional, donde el abuso y la violencia, el crimen y el engaño, las enfermedades mentales (Arkham incluido), el cinismo y la falta de escrúpulos reinan día y noche.

Sin detenernos en la obvia referencia que se hace del «Taxi Driver» de Scorcese, vale decir que la cinta destaca, además de las actuaciones, por su música e imágenes, una edición bien planeada y efectos visuales de primer nivel, y por una escena con el niño «Bruce Wayne» con genial «vuelta de tuerca» que nos hacen imaginar cosas que no son; además del guión que logra no llevarnos, sino arrastrarnos, por un viaje visual enmarcado en estridencias baratas y cúspides instrumentales acordes con la historia.

Sin afán de ofrecer los odiados «spoilers», hay que decir que esta historia del villano de villanos, nos ofrece además una crítica soberbia a los usos y abusos del periodismo impreso y televisivo, del espectáculo barato y corrosivo -muchos hoy convertidos a digital y multimedios- donde imperan el amarillismo y se adora abiertamente a los violentos y asesinos, y a los sicarios de a dólar, en búsqueda del mayor rating posible, mundo donde se mueve como pez en el agua el personaje que interpreta ese otro gigante que es Robert De Niro.

Así que, alija el horario, la sala, las palomitas, refrescos y demás chuchulucos, y dispóngase a presenciar este nuevo viaje del «Guasón», donde los «bad» hombres armados, grotescos e inescrupulosos que quizás Usted ya conoce o ha visto en la vida real o en sus virales multimedia, se apoderan de la pantalla y nos dan un paseo de poco más de dos horas por la transtornada psique del revivido archirrival de Batman.

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