El día que Israel revolucionó mi mente

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Por Adriana Zapién y Valente García de Quevedo

Generalmente escribo sobre viajes de placer, pero en esta ocasión lo haré sobre uno de estudio con el grupo de CETYS Graduate School of Business, liderado por nuestro querido Alquimista Juan Jose Alonso Llera con el curso “Leadership, Innovation and Start Ups in Israel”, organizado por “meeting IL” que dirige nuestro anfitrión y ahora nuevo amigo Daniel Ben Simón Cohen, que con sus programas “inmersivos” al ecosistema de innovación y emprendimiento israelí, logró hacernos entender por qué le llaman la Nación Start Up.

Regresé más inquieta, más creativa, más observadora y sobre todo más consciente de cómo todos podemos resolver problemas, si los planteamos de diferentes maneras y obtener soluciones disruptivas que se conviertan en verdaderas innovaciones.

Les contaré que Israel revolucionó mi mente como ningún otro país lo había hecho. Comenzaré diciendo que para mí Israel hoy, es más que la Tierra Santa o el conflicto con Palestina (clichés con los que se relaciona a esa nación en mi contexto local). Para mí Israel es un símbolo de colectividad, resiliencia, tenacidad y determinación; una nación donde la esencia del espíritu judío da la pauta a esas particularidades que revolucionaron mi pensamiento de características implícitas en el judaísmo como “La Jutzpá”, el “Rosh Gadol” o el paso por el Tzahal (ejercito) con su cultura de toma de decisiones.

El pensamiento colectivo es una distintivo que hace a Israel grande, porque el bien común predomina, llámese un proyecto de nación, religión, identidad o kibutz. Ese concepto de colectividad es un básico para ser replicado si comenzamos en nuestro país con la educación. El trabajo en equipo en las escuelas y en las casas de nuestro México debe ser más importante que la lucha por las calificaciones y los logros individuales. Si bien no puedo cambiar mi país con solo desearlo seguiré desde mis entornos inmediatos  fomentando la colectividad.

La resiliencia, que vista desde la física determina cuánto resiste un cuerpo sometido a energía de deformación y recupera su forma cuando se para la presión. Y desde la psicología describe la virtud de afrontar la adversidad y situaciones límite y sobreponerse de ellas. Si bien no es exclusiva de cultura alguna; pareciera en los judíos viene intrínseca en su historia. Basta ver de cuantas adversidades se ha recuperado. Posible raíz de su concepto del fracaso constructivo.

La tenacidad es otro término que describiría a Israel cuando echas un vistazo al concepto de los kibutz, haciéndolos productivos en medio del desierto. Es increíble cómo ante tanta adversidad hicieron producir lo que para cualquiera de nosotros sería una tierra muerta e infértil. Identificado por el mundo entero como el milagro de reverdecer el desierto. Hoy son líderes mundiales en los cultivos, incluida nuestra mexicana jojoba de la cual se apropiaron por tenerle la paciencia requerida.

La determinación aunada al ingenio israelí ha demostrado que el suelo puede producir, con soluciones que van desde construir terrazas sobre las montañas; drenar pantanos; reforestar sistemáticamente, e incluso lavar la tierra salobre. Y con la conciencia de aprovechar un recurso escaso unieron sus exiguos depósitos de agua dulce a un acueducto nacional. Son los creadores del riego por goteo, (hoy en día computarizado), tratan las aguas usadas y por si esto fuera poco siembran nubes y desalan el agua de mar. Pasando de la escases a la abundancia del vital líquido.

Todo apoyado con un proyecto de nación donde la ciencia y la tecnología trabajan sin miedo innovando para denominar a Israel como la “Start-Up  Nation”.