Desparramando abriles

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Por Daniel Salinas Basave

Los abriles han  ido desfilando frente a mí. En la infancia caminaban como tortugas y de un 21 de abril a otro transcurría la vida eterna. Poco a poco a los abriles les dio por caminar a paso un poco más veloz. Luego empezaron descaradamente a correr y ahora van en carrera desenfrenada hacia alguna o ninguna parte. Nadie me robó abril como a Sabina, pero hubo alguien que le puso turbo a las horas. El siguiente 21 de abril siempre llega más rápido que el anterior.

Demasiados instantes desparramados en la arena. Acumular kilometraje, trazar círculos, consumar el eterno retorno. La edad es todo aquello que has ido dejando atrás. Miles de caras difusas, infinitos nombres que hoy carecen de significado, ciudades de las que recuerdo sólo una casa o iglesia y acaso hasta ese recuerdo sea trampa e invento.

El 21 de abril de 1974 fue hace ya 45 años. Ya existía el Cerro de la Silla, pero Monterrey era un rancho. Mi madre tenía 18 años de edad; mi esposa aún no nacía; Alemania estaba por coronarse campeón del Mundo; Tigres ascendía a la primera división venciendo a la U de G en la final; los dictadores desangraban Sudamérica; el populismo echeverrista tronaba sus chicharrones en México; Ramones se formaba como banda y Black Sabbath sacaba su cuarto disco; la Liga 23 de Septiembre estaba casi aniquilada y las jovencitas aceptaban de buena gana la liberación sexual, pero ni por enteradas se daban de la píldora y el condón.

Leo mi diario, el de papel y pluma, y me entretengo con lo que escribí la noche del 20 de abril de 1994, hace 25 años, cuando me despedía de mis 19 y me sentía un adulto mayor por llegar a 20. No tenía  noción ni idea del futuro. Aspiraba terminar la universidad, agarrar una mochila e irme a dar un rol por el mundo (cosa que hice, por cierto) y convertirme en algo así como un vagabundo por el resto de mi vida o en su defecto, un parásito intelectual, eterno estudiante de maestrías y doctorados. Publicaba “poemas” oscuros, juntaba monedas para comprar cervezas, andaba en bici para arriba y para abajo y aún pensaba que vivir 30 años era vivir demasiado.

¿Qué he hecho en 25 años? Me casé, me autoexilié, venimos a vivir a Tijuana, compramos una casa y tuvimos un hijo hermoso que hace girar nuestro mundo. En 25 años he tenido unos cuantos trabajos, he hecho seis viajes intercontinentales, caminado miles de kilómetros, publicado doce libros, bebido litros y litros de vino y cerveza, escrito cantidad de desahogos y desvaríos de la más diversa calaña, kilos y kilos de reportajes, notas, columnas y artículos periodísticos y de los cuales apenas recuerdo unos cuantos y el resto son polvo, olvido.

“Al llegar a la mitad del camino de nuestra vida”. La Divina Comedia empieza cuando Dante tenía 35 años. ¿Estaré yo en medio tiempo? ¿O acaso me encuentro en tiempo de compensación regalado por el árbitro? Si la vida es un río, la muerte será el mar en el que desemboca. Mientras haya libertad, salud y amor vamos ganando el partido por goleada. Siempre que uno pueda estar junto a su familia y gozar de un atardecer en el mar, de un buen libro, de la magia de visitar una nueva ciudad, recorrer sus calles, beber un delicioso vino, la vida merecerá ser vivida y 45 años nunca serán suficientes.