Daño ecológico: ¿Cuánto más aguanta el Planeta?

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Por David Saúl Guakil

A pesar de la insistente negativa de la administración encabezada por el presidente Donald Trump sobre no brindarle apoyo a los fondos destinados a la defensa del medio ambiente, sin medir las consecuencias que ocasionaría esta arbitraria medida, todos tenemos la obligación de asumir una postura al respecto. Aquí no se trata que unos se perjudicarán más que otros, sino que pagaremos caro, con nuestra salud y la de todos los humanos que habitamos este mundo, el no tomar conciencia real de este grave problema. 

La ecología, por ende el estudio sobre el cuidado del medio ambiente, seguirá siendo prioridad a medida que los años pasen y la explosión demográfica agregue más dramatismo al tema. Personalmente creo en la tesis que sostenía el recientemente desaparecido Giovanni Sartori, cuando el catedrático italiano afirmaba que nuestro ‘globo terráqueo’ está a punto de explotar si no tomamos medidas extremas en cuanto al crecimiento poblacional. Los chinos ya suman, -con todo y un severo control de natalidad-, más de mil 600 millones de habitantes, la India ya cuenta con más de mil 100 millones de personas. Entre los dos países representan más de la tercera parte de la población mundial, un verdadero despropósito si consideramos que los recursos naturales se están agotando o deteriorando a pasos agigantados. Nada menos que en el rubro alimenticio deberemos ser capaces, en los próximos 15 años, de producir el doble de alimentos para una mayor población, más o menos con la misma cantidad de agua con que contamos hoy e idénticas extensiones de cultivo en condiciones climáticas adversas, o menos equilibradas, que hacen perder cultivos por inundaciones o sequías prolongadas.

La pregunta obligada es: ¿qué puede hacer un ciudadano común desde su “circuito interno” para mejorar el medio ambiente?, recordándonos que todos somos habitantes, porque en estas cuestiones no existen privilegios de clases sociales, aquí todos respiramos lo mismo, no hay aire para ciudadanos de primera o de segunda, estamos expuestos a lo que flota en el espacio y consumen nuestros indefensos pulmones, los de nuestros hijos y nietos. Lo increíble de todo esto es que todavía existe gente que pone en tela de juicio, por ejemplo, si una verificación vehicular es buena, mala o se puede dejar para “más tarde”, cuando nos damos cuenta que son miles de automóviles que exhalan a diario, kilos de contaminantes que lastiman el ambiente y el organismo de los que vivimos en esta creciente región fronteriza, con una explosión demográfica ubicada entre las más grandes de México. En concreto, o creamos conciencia que nuestros vehículos deben ser revisados minuciosamente por el bien de todos, o estamos siendo cómplices directos de propagar la mala salud para nosotros y generaciones venideras en nuestra ciudad y región, así de simple.

El tiempo de las empresas

Dentro de esta reflexión para el público en general, caben un par de interrogantes dirigidas básicamente a las empresas: ¿qué tanto deciden invertir éstas, en tiempo y dinero, para este rubro?. Hoy en día, ninguna compañía puede mantenerse al margen de este problema, generadora o no de desechos tóxicos, si se precia de seriedad en su actividad, debe tener una serie de lineamientos  para ejercer una política ambiental. Esto ya es un hecho en todo el mundo, donde la proliferación de gerencias y departamentos especializados en las grandes firmas así lo demuestran en los últimos diez años, donde la preocupación y ocupación de estos asuntos, son considerados de primordial importancia. Existen también los seminarios para gerentes que tratan únicamente sobre este tema. Esta realidad tiene una lógica contrapartida: en casi todo el mundo, ya se cuentan con campañas de publicidad íntegramente basadas en la defensa del medio ambiente y en el cuidado de las compañías en mantener inertes los residuos tóxicos que generan.

Sin embargo, hay que hacer dos grandes distinciones en la realidad del management ambiental en el mundo. La primera consiste en señalar que todavía, en esta primera decena del siglo veintiuno, son pocas las empresas que desarrollan una política responsable en este sentido. La segunda es que, lamentablemente, y por razones tanto económicas como de sentido moderno de la empresa, una clara visión ambientalista, sólo puede atribuirse a una compañía de gran facturación (ni siquiera mediana), las PyME están, en gran porcentaje, afuera de todo proyecto ambiental, lo que resulta una verdadera tragedia para el sistema, ya que ese sector es el responsable del 80 por ciento de la contaminación del ambiente en todo el Planeta, según datos de las consultoras más serias en el tema que nos ocupa. Sigue habiendo una distinción importante sobre una conducción empresarial moderna y una tradicional sobre el asunto. La vanguardista, predicará siempre la adopción de métodos novedosos en la dirección de empresas, la aplicación de las más modernas técnicas de conducción de personal y la visión de una profunda necesidad de estar siempre en las últimas tendencias mundiales de protección al medio ambiente, además de participar con su nombre en estas acciones. La segunda y tradicional, todavía no vislumbra que esta inversión redundará invariablemente en una mejor imagen de su marca y por consecuencia, de su firma.

 

 

 

 

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