Cuarenta grados

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Por Adriana Zapién y Valente García de Quevedo

Hoy contaré cuando enfermé en unas vacaciones y cómo lo enfrenté. Tomando en cuenta que todos reaccionamos diferente y depende de cada uno cómo vivirlo de la mejor manera, ya que esto puede arruinar las vacaciones de todo el grupo.

Ese viaje rompí la regla de no beber agua del grifo. Por protección me lavaba los dientes con agua embotellada; pero esa vez estaba tan cansada que cuando lavaba los dientes olvidé mi botella en la mochila y por no ir por ella encontré fácil enjuagarme con el agua corriente.

Ese descuido fue uno de los peores errores de mi vida, pues aunque cuidé no tragar el agua al enjuagar la boca, un espantoso bicho se coló comenzando la pesadilla, pues a toda velocidad el individuo microscópico encontró en mí un paraíso y comenzó toda una revolución en mi organismo.

A la mañana siguiente todo parecía normal al salir de Nueva Delhi rumbo a Jaipur. Apenas teníamos una hora en carretera y comencé a sentir un sueño terrible junto a un malestar estomacal. Sentía caliente mi cuerpo y como la temperatura ambiental estaba muy elevada pensaba que estaba padeciendo un golpe de calor, que en realidad sin saberlo ya tenía fiebre. Recurrí al Pepto-Bismol que siempre traigo en mi botica de viaje, esperando que fuera una infección simple y me hiciera mejorar con un par de tomas.

Dormí todo el largo trayecto en carretera, pero al atardecer aunque ya había disminuido la temperatura, me seguía sintiendo muy caliente y ya no me hizo sentido; así que volví a hurgar en mi mochila para buscar el termómetro y mis sospechas fueron confirmadas: Cuarenta grados de temperatura corporal era la razón por la que no podía mantener los ojos abiertos.

Al llegar al hotel hablé a México con Valente y le conté lo que pasaba indicándome que tomara un baño con agua casi fría y una aspirina para ayudar a disminuir la temperatura;  pero la infección era fuerte, del tipo de esas que ponen a todo tu sistema inmunológico en una brutal guerra visitando el baño frecuentemente y la fiebre estaba tan alta que me tumbó.

Mientras dormitaba, mis compañeras de habitación se encargaron de ponerme compresas de agua fría en la frente para bajarme la temperatura, velando mi sueño mientras yo deliraba. Y así pasé la noche al cuidado de mis amigas.

A la mañana siguiente Valente ya había hablado con la aseguradora y me estaban esperando en el hospital. Todos mis compañeros de viaje estaban muy preocupados por mí; pero los tranquilicé diciéndoles que estaría bien y que ya me esperaban en el hospital. Les pedí que siguieran con el plan del día;  y a pesar de que no se sentían cómodos con dejarme,  los convencí y se fueron al tour que tocaba ese día.

El doctor me recetó antibióticos para combatir una infección intestinal bacteriana y durante el día recibí múltiples mensajes de mis compañeros de viaje preguntando cómo estaba. Como me conocen bien sabían que era real cuando les decía que todo estaba bajo control y más lo creyeron cuando les conté que contraté un guía personal que me invitó a tomar el té en el palacio real de Jaipur.

Tal vez tú que lees esto pensaras que te hubiera gustado que te acompañaran al hospital, pero como conté al inicio depende de cada uno cómo enfrentarlo de la mejor manera, y a pesar de los 40 grados no estaba dispuesta a arruinar las vacaciones de todo el grupo.

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