Contando los tiempos

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Hay cosas que sencillamente no cambiaría, no por un día en el calendario, no por una memoria apremiadora, hay tanto en mi presente incluyendo mi persona, que me hace sentir en fortuna, pero no como esos boletos ganadores o como aquellos que piensan que después de la séptima vela su milagro fue escuchado y concebido, sino como esa persona que se dio cuenta que le enriquecía su vida y buscó más de eso, trabajó para ello, movió escombro, limpió heridas, cortó lazos, cerró puertas, guardó silencio.

Con el tiempo le voy cambiando el significado a las cosas y ellas a mí, todo es más lento, más apreciable, digamos que crece un paladar para el día el día, como un aprendiz de conocedor que da sus primeros pasos a solas; y me motivan ciertas mañanas, ciertos nombres, ciertos autores, algunas personas, algunos abrazos. La vida se torna en una conexión de pequeños instantes, un collar de perlas, dos manos que entrelazan los dedos, miradas que se entienden por costumbre que, por palabras, lo familiar del aroma, la felicidad de lo sencillo, el rojo del corazón que no se mezcla.

Comencé a buscar la paz, más que la emoción y el péndulo regreso a ser un compás de ritmó y ya no el vértice de la cual pedía ser expulsada, ya no busco el exalto, el brinco, ya medito en el vuelo, en el color de las plumas, sus variaciones, en el aire, en la estación. Es lindo estar presente en el propio cambio, pero también guardar aquello que no quisieras cambiar nunca, ciertos amigos, el amor, los secretos, el perdón, la familia y los momentos de celosa soledad. Hay fotos que uno siempre cuida y cartas que uno siempre relee.

Más abrigada en las noches por el frío, puedo observar sin querer ser protagonista, puedo escuchar sin tener el deseo de intervenir, de interrumpir; puedo ya darles aliento a mis segundos, oxigenar mi presencia en la presencia de los otros, admirar como desconocida que se regala el momento nuevo de lo familiar. Al parecer con los años dejas de tener prisa y te vuelves tan puntual y sereno; será que la vida se va abriendo y abriendo como las raíces de un árbol, y uno se va alimentando, creciendo, cambiando, pintando, expandiendo, y te agarras de la tierra ya no de los frutos.

El tiempo es la mano que a todos nos acaricia, es la hojeada del libro, es saber por dónde comenzar, dónde dejar una nota, dónde hacer anotaciones, dónde sonreír, dónde te encuentras tú. Hay tantas palabras y en todas hay espacio y significado, pero hoy estás, esta noche fría estás. En este momento yo serena, en otro no estoy tan segura.