Burocracias, percepciones y prejuicios

Por David Saúl Guakil

Mostrar al servidor público como caricatura, obviamente desde su ángulo menos amable, es casi moneda corriente para nuestro ingenio mexicano, ahora con el agregado de los ‘memes’ que hacen viral, en cuestión de segundos, cualquier interpretación; sea ésta mal intencionada, buena o regular. Es bueno mencionar también que el humor suaviza en ocasiones las situaciones incómodas que padece la gente en su cotidiano devenir, sobre todo cuando le toca enfrentarse y que lo atienda un mal empleado de la burocracia.

Esta cuestionada imagen, injusta para muchos servidores públicos que sí cumplen cabalmente con sus labores encomendadas, no significa de ninguna manera que todos los que pertenecen a ese sector tengan las mismas características ni actúen de la misma forma, porque acotado el humor, no hay que perder de vista que sólo se trata de una abstracción que toma rasgos frecuentes y hasta comunes de un determinado sector de nuestra sociedad.

El peligro, en ocasiones, se patentiza cuando se hace presente la inaceptable generalización: “todos los políticos son iguales, todos los policías son iguales, todos los burócratas son iguales o todos los sindicalistas son iguales”… y así lo podría extender a cualquier profesión, labor u oficio. Como todos sabemos, es mucho más “confortable” generalizar, que es una forma de invitar a la pereza intelectual, además de ser ésta pariente cercana de la discriminación, que en cualquiera de sus formas hace mucho daño.

Cuidemos que la las comunicaciones mal aplicadas -y por ende mal entendidas-, no deformen y satiricen en demasía la realidad en que vivimos todos los días.

Otro ejemplo más recurrente, cercano e insano, son los casos de compatriotas detenidos en el vecino país por su apariencia física “latina”, que si bien durante años se practica este ejercicio de discriminación, nunca como ahora se hace sentir a partir de las propias autoridades máximas de aquel país que azuzan a diario con ‘generalizaciones’ y comentarios de este tipo, donde los personajes elegidos para detener sean lo suficientemente morenos y de apariencia modesta como para “dar el tipo” de indocumentados, aunque esta gente, como sucede en la mayoría de los casos, después de investigarlos, pertenezcan a una decente, ejemplar, productiva, pagadora de impuestos y obligaciones, además de trabajadora familia de origen mexicano. El acentuado prejuicio de las autoridades americanas, en estos casos y una vez más, se aplica a la perfección en actos de apreciación ligeros y dañinos para cualquier sociedad que se precie de moderna.

En cualquier país y posición social, el pensamiento generalizador humano siempre empobrece, porque impide realizar esfuerzos superiores para incorporar mucha gente que puede y debe ser muy valiosa a toda una sociedad integrada, más allá del erróneo primer golpe de vista o acelerada percepción carente de un necesario análisis.

Hay cosas que no se pueden entender bajo un pensamiento único y abarcador.

Por eso, regresando al tema de la burocracia en el comienzo de esta columna, cuando menciono las personificaciones caricaturizadas a la luz de alguna versión apropiada para ese fin, me pregunto hasta dónde el prejuicio puede instalarse con cierta facilidad y ver con el mismo cristal, ese que pudiera deformar una realidad que necesitamos, más que nunca, ver con claridad por los tiempos de cambios que se avecinan de este inminente 2018, en muchos órdenes de nuestro amado país.