Bienvenidos refugiados

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Por Adriana Zapién y Valente García de Quevedo

En noviembre de 2017 sentada en la banca del parabus frente al palacio del ayuntamiento de Madrid veía una gran lona colgada que con letras mayúsculas anunciaba “Refugees Welcome”. Una frase impactante en un mundo donde la gente está siendo desplazada por intentar salvar su vida. Sea por violencia, pobreza o por el cambio climático un gran número de personas tienen que dejar su hogar forzados y sin nada más que perder.

Era la frase que había estado circulando en toda Europa en el verano de 2015, #Refugeeswelcome se había utilizado en redes más de 500 mil veces en la primera semana de septiembre de ese año. Frankfurt, Berlín, Múnich, Viena, Budapest, Barcelona, y muchas ciudades habían publicado la frase en estaciones de tren, camión y aeropuertos. Incluso grupos de ciudadanos, de esos de los que todavía conservan la bondad en sus corazones, recibían con pancartas y aplausos a los refugiados sirios.

“Refugees Welcome” colgaba todavía en 2017 en la fachada de la  alcaldía de Madrid. Ahí la veía yo y cada que levantaba la vista se me llenaba el alma al saber que los que vienen huyendo de su país, por hambre, por sed o por violencia serían recibidos en Madrid con los brazos abiertos encontrando a un gran grupo de personas que les ayudarían a comenzar una nueva vida.

En 2015 Europa vivía una de las peores crisis de refugiados de su historia a partir del conflicto en Siria y la solidaridad se anunciaba a los cuatro vientos, multiplicándose las ciudades refugio. En España una gran red llamada #Cuidadrefugio sumó a Barcelona, Teruel, Gijón, Cádiz, Pamplona, Vitoria y Madrid.

Esta semana el nombre de Carola Rackete circulaba por la prensa de todo el mundo por desafiar a la guardia costera de Lampedusa, Italia, después de haber salvado a 40 inmigrantes africanos agotados y hambrientos que naufragaron en las costas de Libia. Pedía que dejaran desembarcar a los inmigrantes después de 17 días varados cerca de la costa y la respuesta fue siempre negativa.

Carola temía por las vidas de los náufragos pues presentaban síntomas de estrés extremo y eso podía llevarlos a tirarse al mar.

“Nací rica, soy blanca, alemana, tengo el pasaporte justo, tres títulos universitarios y hablo cinco idiomas. Me siento en el deber de ayudar a la gente que está en una situación peor que la mía”, decía la valiente Carola Rackete, que con solo 31 años se enfrentaba a todo por salvar 40 vidas.

Respeto escrupulosamente el derecho marítimo y estoy dispuesta a ir a la cárcel. Voy a defenderme en la corte si es necesario porque lo que estamos haciendo es lo correcto”, citaba Rackete cuando los italianos la detuvieron, acusada de resistencia y violencia contra un buque de guerra italiano y tráfico ilegal de personas.

Carola confiaba en la justicia y sabía que había respetado y cumplido con las leyes marítimas; pero sobre todo con el derecho internacional humanitario. “Cuando rescatas a personas en el mar debes llevarlos al puerto más seguro próximo”, decían sus defensores.

Al ver la nota de Rackete me vino a la mente esa lona que veía todos los días en Madrid que decía “Refugees Welcome” e inmediatamente pensé en mi México y en el bloque económico de América del Norte al que pertenecemos. Sin una estrategia clara, llenos de prejuicios, enfrentándonos a una migración masiva por no comprender lo bien que le hace a un país la migración, porque evidentemente no estamos preparados. Hace todavía lejano un anuncio en nuestras ciudades que diga “Bienvenidos Refugiados”.