Benditas antologías

Por Daniel Salinas Basave

Les he dicho ya en este mismo espacio que el lector ideal es el lector tlacuache, el lector omnívoro, que no le hace ascos a nada y le entra con fe a todo. Pues bien, si queremos hacerle al cuentista, entonces convirtámonos en pepenadores de cuentos. Por fortuna, el género se presta para picar de aquí y de allá. Hay cientos o miles de cuentos que puedes leer gratis en internet y también hay cientos de compilaciones rodando por ahí.

Hay una antología a la que yo le debo muchísimo, porque fue mi puerta de entrada al cuento moderno y mi contacto primario con algunos de los cuentistas que más admiro. Me refiero a El cuento hispanoamericano, compilada por Seymour Menton. Mi madre la tenía en dos tomos en la Colección Popular del Fondo de Cultura Económica (la mismita colección que me publicaría El Samurái de la Gráflex  30 años después). El cuento hispanoamericano comienza con El matadero de Esteban Echeverría y termina (al menos aquella edición) con Cuál es la onda de José Agustín. Es un recorrido por casi 150 años de cuentos. Para no ir más lejos, en la antología de Seymour leí por vez primera a Revueltas, Cortázar, Arreola, Quiroga, Martín Luis Guzmán (a Borges y a Rulfo los había conocido poco antes).

Aunque en mi calidad de lector-tlacuache no suelo hacer distingos geográficos, la realidad es que tengo una tendencia natural a leer cuentistas hispanoamericanos y si bien no me gusta el concepto “lectura obligada” (porque leer es hedonismo y el auténtico placer no conoce de obligaciones), lo ideal sería que todos los cuentistas de estos lares pudiéramos compartir un tronco común de lecturas y en ese sentido, una antología como la mencionada te permite una cata de los cuentos más representativos del hemisferio.

Una segunda antología que influyó muchísimo en mi vida es El libro de la imaginación de Edmundo Valadés, también en la Colección Popular del Fondo. Este libro es la piedra angular de la minificción y aunque lo mío no es precisamente el minimalismo (mis cuentos suelen ser bastante extensos y apenas he publicado cuatro o cinco relatos de página y media), creo que leer estas miniaturas narrativas te permite dimensionar las posibilidades estructurales del cuento dentro de un espacio reducido.

Hay otras antologías sin límites geográficos que son más bien un tributo al cuento como género. En ese sentido, la que más recomiendo es Los cuentos de una vida de Sergio Pitol en editorial Debate. Para mí es un extraordinario paseo por el cuento universal, desde Gógol y Chéjov hasta Borges y Cortázar. Como dato curioso, en dicha antología está incluida La Metamorfosis de Kafka, que suele ser encasillada como  una novela corta. Obvia decir que La antología de la literatura fantástica de Borges, Bioy y Ocampo es imprescindible. También la antología Cuentos que me apasionaron de Ernesto Sabato me parece una muy recomendable selección.

En mi librero hay antologías cortadas por todas las tijeras y criterios: geográficos, cronológicos, temáticos. Puedo decirles que de cada una de ellas he pepenado siempre algún buen cuento que merece pronta relectura. El más fascinante e improbable de los relatos puede tomarte por asalto cualquier día si te adentras en las veredas de alguna compilación.